Ana Abascal: antigüedades, arte y elegancia

La moda y la comunicación son mis dos grandes pasiones, pero la decoración, el interiorismo y el arte son algunas de mis aficiones. Adoro las antigüedades. Por suerte, crecí entre aficionados al arte que supieron inculcarme el amor por estas piezas únicas y con historias preciosas. Por eso, entrar en el nuevo espacio de Ana María Abascal (Paseo Colón, 18) es todo un sueño.

El local rebosa luz, elegancia y exquisitez desde el primer escalón. Unas hojas secas, perfectamente dispuestas, me dieron la bienvenida al pequeño cóctel organizado para festejar la Navidad y, al mismo tiempo, conocer de cerca este oasis para los amantes de la belleza.

Porcelanas, esculturas, lámparas, objetos de plata, cuadros, consolas, escritorios, mesas perfectamente dispuestas para celebrar una Navidad diferente, biombos con motivos florales y de inspiración japonesa (me he enamorado de ellos), espejos, candelabros, bancos, mesas auxiliares, mapas, grabados, marcos… No se sabe dónde mirar o qué elegir.

Ana Abascal abrió este nuevo espacio, situado entre la Plaza de Toros y el Teatro de la Maestranza, en uno de los edificios más bonitos de Paseo Colón para mi gusto, el pasado octubre. Pero su relación con el arte y el interiorismo están presentes en su trayectoria profesional desde siempre.

Proyección internacional

Ha trabajado con grandes profesionales de proyección internacional, ha tenido una gran vinculación con el sector de la moda (su hermana gemela, Nati Abascal, fue y es musa de grandes diseñadores a nivel internacional), ha diseñado vestuario para ópera, decoraciones efímeras…

Cada objeto expuesto es único. Hay piezas de distinta época y estilo, pero cada una de ellas han sido escogidas personalmente por su calidad, elegancia o proporción. Piezas únicas con vida y personalidad que emocionan y que ayudan a Ana Abascal “a crear espacios confortables en ambientes actuales”.

¡Hasta pronto!

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Latest comments

  • Carlos Telmo 10 meses ago

    Javier Luque millones de gracias. Siempre nos gusta verte. Abrazo, Telmo