Aprendiendo de Elio y Leandro

Siempre he sentido admiración por Elio Berhanyer, uno de los grandes maestros de la moda de este país. Junto a Balenciaga y Pertegaz llevó el nombre y la cultura española donde antes nadie había llegado.

Así que cuando supe que estaría presente en Yo soy moda lo apunté. Pero la sorpresa fue aún mayor: compartiría mesa con Leandro Cano, una de las jóvenes promesas de la moda española. Dos andaluces, que se precian de serlo, a los que había que oír.

Berhanyer lleva 68 años en la moda. Sus colecciones se han visto y vendido en Londres, Washington, Japón, El Cairo… Pero en 1974 el Gobierno de aquel entonces ideó un impuesto para cobrar el 60% de las ganancias brutas por ventas y en 1978 “se cerró la alta costura en España. Si no la hubiésemos dejado, otro gallo cantaría”, dijo.

El diseñador ha llevado el nombre de Andalucía a sus colecciones y allí donde ha estado. Y el de Córdoba, a pesar de estar vinculada a uno de los peores recuerdos de su vida: el fusilamiento de su padre el mismo día que el de Federico García Lorca.

Berhanyer recordó que fue en Sevilla donde realizó sus primeros dibujos de moda (para una revista), cómo conoció a Balenciaga y rechazó trabajar con él. También que la pasarela Cibeles no lo admitió al principio, igual que a Pertegaz, porque su nombre era “franquista“; por qué rechazó dirigir Dior y cómo conoció a la reina Sofía, una de sus grandes clientas. Y que le hubiese encantado vestir a la reina Noor de Jordania.

Leandro Cano es natural de un pueblecito de Jaén, pero también está muy vinculado a Sevilla, pues fue aquí donde realizó sus estudios de moda. De hecho, la Iglesia de Santa María la Blanca ha sido fuente de inspiración para su última colección.

Pero también ha bebido el legado árabe en Granada para vestir a una mujer actual, fuerte y segura de sí misma. El joven diseñador explicó el difícil momento que atraviesa el sector en estos momentos y lo que eso supone para las nuevas promesas, que “tienen que salir de España”. Aunque, eso sí, sin olvidar los orígenes.

Fue un lujo poder oírlos a ambos y a la vez. Más de hora y media. Y se hizo corto.

¡Hasta pronto!

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