Barbadillo, vinos con solera

Septiembre. Toca recobrar la normalidad, volver al trabajo y emprender nuevos proyectos tras unas merecidas vacaciones. No ha habido grandes viajes. Con familia y amigos, el destino es lo de menos. He descubierto rincones de Cádiz que no conocía, estado en playas desiertas a las que espero volver, visitado puntos de Portugal que me han enamorado y conocido vinos con solera (Barbadillo).

He tenido la oportunidad de conocer más acerca de la industria del vino gracias a Bodegas Barbadillo, que hace unos días una visita privada a sus instalaciones de Sanlúcar de Barrameda (Cádiz) para un pequeño grupo de periodistas y bloggers. Sanlúcar es buena elección en cualquier época del año, pero en verano atrae más público por sus Carreras de Caballo en la playa, entre Bajo de Guía y Las Piletas.

La localidad gaditana fue puerto clave en el comercio con las Indias y vio partir a Magallanes en su primera vuelta al mundo. Puerto Lucero, como también se le conoce, uno de los destinos preferidos en verano para la aristocracia (junto a San Sebastián y Santander) de finales del XIX y primeros del XX, es hoy un punto clave de la industria vinícola andaluza. Y sabe lo que hace: tiene más de dos siglos de experiencia en este campo.

Bodegas Barbadillo pertenece a la familia que le da su nombre desde 1821. Nació en el Barrio Alto de este municipio andaluz y cuenta con más de 17 cascos bodegueros, en los que se cría, embotella y almacena manzanilla y vinos blancos consumidos en España y el extranjero. Nace en 1821 y en 1827 comercializa por primera vez manzanilla embotellada: Pastora.

Poniente

Su historia comienza en la Bodega del Toro (XVIII). Entrar en ella (no se visita normalmente) fue un privilegio. Igual que aprender cómo se aprovecha el poniente para conseguir manzanilla Solear, la más conocida de la firma y uno de los mejores 100 vinos del mundo (su crianza dura seis años); conocer los secretos de la uva y la tierra en la que cría; y ver la catedral, una enorme nave del XIX, con techo a dos aguas, cuyo punto central tiene 14 m de altura.

Pero Barbadillo nos sorprendió al grupo no solo por sus conocimientos, sino por organizarnos una jornada fantástica. Desde las bodegas nos llevó en coche de caballo a Bajo de Guía (Restaurante Poma) para degustar algunas de las maravillas culinarias de esta tierra. Y de allí, al palco de las bodegas para conocer de cerca unas carreras de caballo nacidas en 1847 y que se han convertido en cita indiscutible para los amantes del caballo.

La guinda, una puesta de sol que solo la provincia de Cádiz sabe ofrecer. Un día en el que se gestaron nuevas amistades y que recordaré mucho en este nuevo curso que acaba de empezar. Vamos con fuerza, ¿no?

¡Hasta pronto!

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