Elegancia flamenca

El traje de flamenca es el único vestido regional que se transforma año tras año, sin perder la esencia de lo que ha sido y deberá ser: un vestido lleno de vida, movimiento y sensualidad, que seduce a quien lo contempla y embellece aún más a quien lo viste. Lina Fernández, maestra de la moda flamenca, enseñó muy bien a sus hijas y herederas en la firma que creó: Lina 1960.

Mila y Rocío Montero han sabido unir en sus últimas colecciones las líneas puras de la costura artesanal y elegante que aprendieron de su madre con ideas nuevas. Miradas, la colección que han presentado este año en el Salón Internacional de la Moda Flamenca (Simof) de Sevilla, está compuesto por 32 vestidos fáciles de distinguir por su delicado patrón y refinada confección.

Los trajes huyen de los excesos, tienen mucho cuerpo y movimiento, y, en algunos casos, se inspiran en las conocidas majas que inmortalizó el pintor Francisco de Goya. Conocía algunos detalles de la colección, pero el resultado me ha dejado muy buen sabor de boca y ganas de más.

Lina 1960 propone vestidos ligeros, a pesar de ser ceñidos, con volantes de capa, que al andar o al bailar ofrecen un movimiento exquisito; con escotes a la caja, pico, cuadrados o corazón; y como único adorno, si debe haberlo, flecos, mantón y grandes pendientes de Enrique de la Flor, de líneas Art Decó o inspirados en la pintura de Vasili Kandinski en su periodo en la Bauhaus. En vez de flor, grandes lazos, como los que vestían las damas del XVIII que inmortalizó Goya.

Vuelven los conjuntos de dos piezas (blusas o corpiños ajustados y faldas) que pueden utilizarse para ferias y romerías, pero también para más de una fiesta de noche. Las mangas son setenteras, con grandes volantes, pero también las hay muy vaporosas y con encaje. Y las faldas y vestidos llevan enaguas de organdí, que ayudan a que conseguir un vuelo perfecto.

Mikado reversible

El blanco se mezcla con rosa y negro. Hay rosa cuarzo y rojo, fucsia, verde agua, marsala, marfil o coral. También estampados de flores en tejido tornasolado y lunares grandes y pequeños; bordados, cintas, encajes y madroños, crepe, popelín, raso de algodón, satén, seda o  tafetán. Y algo muy exclusivo y admirado por el público, mikado de seda reversible, confeccionado exclusivamente para esta colección en azul, verde y coral, con lunar blanco, o rosa y gris. Un material que da mucho cuerpo, pero a la vez aligera el peso del vestido.

Eva González abrió el desfile con un traje rojo, al son de las sevillanas clásicas que interpretó el pianista Joaquín Pareja-Obregón, hijo del compositor Manuel Pareja-Obregón y Carmen de los Reyes. Para rematar, actuación en directo de Erika Leiva, y una bata de cola de dos metros y medio de largo que Eva González llevó como nadie.

El diseñador Manolo Giraldo me comentó al finalizar el desfile que lo que habíamos visto en la pasarela no habían sido modelos profesionales, sino mujeres de una enorme elegancia. Y tenía mucha razón. Mejor definición, imposible.

¡Hasta pronto!

Fotos: Deinm Estudio

 

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