Pasear por Málaga

Soy un enamorado de Andalucía. Y, además, he tenido la inmensa suerte de nacer en una familia amplía, que está repartida por varias provincias. Así que desde pequeño he ido viendo los cambios que se han ido produciendo en ciudades como Málaga.

Hacía mucho tiempo que no la visitaba, pero un compromiso familiar me llevó hasta ella hace uno días. Visita relámpago, con homenaje gastronómico incluido (en mi familia somos de buen paladar y todo se celebra a lo grande), reencuentros tras varios años y risas, recordando mi infancia al ver a los recién llegados al “grupo”.

Pero también ha habido tiempo para enamorarse de Málaga. De su Paseo Parque y de la avenida de Cervantes, que nos llevó hasta la calle Marqués de Larios. Muy típico y muy tópico, sí, pero visitar Málaga y no pisar el centro es delito. Igual que no contemplar de noche la Alcabaza o la Catedral.

 

Plaza del Obispo, Santa María, Plaza de la Constitución, muy cerca del Museo Thyssen y su magnífica colección de pintura… Lo bueno es ir sin rumbo fijo. Para almorzar o cenar, alguno de los locales de la calle Bolsa, por ejemplo. O El Palmeral, casi al lado de la Plaza de la Marina. Perfecto para cenar o empezar la noche con la primera copa, disfrutando de la brisa y del mar.

Tampoco hay que perder de vista Muelle Uno. Centro comercial y de ocio, pero también cultural, pues desde hace pocos meses es la sede de uno de los nuevos atractivos turísticos de la ciudad: el Centre Pompidou Málaga y su “cubo” de cristal, claramente reconocible desde la distancia.

Para descansar, alguna de las playas del Rincón de la Victoria, por ejemplo, que entre otros secretos, guarda el Fuerte de Bezmiliana, construido en época de Carlos III para defender la costa de posibles invasiones.

Volví hace nada y estoy deseando volver dentro de muy, muy poco…

¡Hasta pronto!

Deja un comentario