Sencillez y elegancia para una boda

Cada vez que recibimos una invitación de boda, surge la eterna pregunta: “¿qué me pongo?” Son mil los detalles que hay que preparar: vestido, zapatos, tocado (si es necesario), maquillaje, chaqué o traje (en el caso de ellos)… Y seamos sinceros, nos gusta ir perfect@s, aunque aparentemos que no nos importan esos detalles.

El problema es que en multitud de ocasiones, el presupuesto que utilizamos es más del que teníamos previsto o no es tan abultado como nos gustaría. ¿Por qué comprar entonces un vestido que no vamos a volver a utilizar y que solo va a ocupar espacio en el armario? ¿Por qué no optar por prendas que sí podamos volver a utilizar?

Esa fue la solución por la que optamos en los dos casos que hoy os presento: una boda de mañana y otra de tarde.

En el primer caso nos decantamos por un vestido de corte clásico y aires sesenteros, de tono borgoña (tendencia esta temporada), rematado con un cinturón metálico (La Importadora). Sencillo, elegante y fácilmente combinable con abrigo, chaqueta o cazadora vaquera o de piel en distintos momentos del año. Como complementos: zapatos de tacón alto, collar de cristal y metal (La Importadora), brazalete, pendientes pequeños, anillo y clutch de estilo vintage (Zoe  Sevilla).

Para la segunda, escogimos una maxi falda negra (must have), pero con destellos plateados (Mordisco de Mujer), camisa blanca masculina de puños dobles (Menco) y fajín de piel (Aïta). Las posibilidades de estas tres prendas, juntas o por separado, son enormes. Así, por ejemplo, la falda puede combinarse con camiseta básica y cazadora de piel para salir a cenar: el resultado será muy bueno. Un recogido, un collar joya (Zoe Woman), unos salones negros y una maxi cartera hicieron el resto.

Espero que os hayan gustado.

¡Hasta pronto!

 

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