¿Una copa de cava?

Una cerveza, una copa de vino blanco o un buen gin tonic obran milagros al acabar un día en el que parece que te levantas con el pie izquierdo. Pero nada puede sustituir a una buena copa de cava.

En mi familia no hay celebración en la que no se descorche alguna botella. A mis padres y mis tíos les encanta este vino espumoso de segunda fermentación tan elegante. Mi hermano y yo lo descubrimos realmente bien hace unos años en Barcelona. Y nos enamoramos.

Comprenderéis que cuando hace unos días me propusieron acudir a una cata especial de Roger Goulart, una de las casas más antiguas de Cataluña en lo que a elaboración de cava se refiere, ni lo dudé. Pasar una tarde con un enólogo, descubriendo los secretos de este espumoso (desde cómo debe servirse en copa de cristal tipo flauta, que no debe estar mojada, a cómo es su proceso de elaboración) no era mal plan.

La cata se celebró en el Hotel Palacio de Villapanés de Sevilla, un magnífico ejemplo de arquitectura civil barroca, en el que se ha sabido conjugar historia (se han conservado herrajes, solerías, puertas de caoba o artesonados originales, por ejemplo) con decoración contemporánea.

La experiencia fue un lujo para los cinco sentidos. Comenzó con una visita por el palacio (vista). El patio, la escalera y la galería superior son unas joyas, al igual que sus suites. Seguimos con el tacto, conociendo los tres tipos de tierra del Penedés en las que se cultivan los distintos tipos de uva con las que se elabora el cava.

Oído, olfato y gusto se unieron en la prueba de cuatro variadedes: Macabeo, Xarel-lo, Parellada y Chardonnay (los que más me gustaron fue Parellada, Chardonnay y Xarel-lo). Había que descubrir las notas de cítricos o frutas (manzana, albaricoque, piña o papaya, por ejemplo) existentes en cada uno de ellos. Y disfrutar con el descorche de cada botella y con las cuatro piezas musicales (una por cada variedad), creadas para la ocasión por Nacho Botonero, saxofonista y profesor de Iniciativas Culturales de la Universidad de Sevilla, y Jesús Maestre, profesor de guitarra. Un verdadero espectáculo que, sin duda, aconsejo probar.

2,2 millones de botellas

La historia de la masía Can Goulart, situada en el corazón del Penedés, una zona de enorme tradición vinícola, se remonta a principios del siglo XVIII. Pero es a partir de 1882 cuando se empieza a producir en ella cava. Actualmente Roger Goulart produce y exporta (a países como Japón) cavas con más de nueve meses de crianza.

Su bodega está catalogada como de interés histórico cultural, pues se trata de un edificio modernista del arquitecto Ignasi Mas i Morell, encargado por la familia Canals i Nubiola y finalizado en 1919. Más de 800 metros de cavas excavados a 30 metros de profundidad, con una temperatura media de 14o, guardan cerca de 2,2 millones de botellas, de las que salen 900.000 unidades para consumir a lo largo del año. Una cifra péqueña, ¿verdad?

¡Hasta pronto!

Fotos: Roger Goulart y Luque Personal Shopper.

 

Deja un comentario